Desde el primer día de sus declaraciones inconsistentes y algo maliciosas, pero con alto contenido político, la ministra dejó entrever que su aventura política no tiene consistencia. Fácil para acusar y más fácil aún para lavarse las manos, su designación puede ser uno de los primeros errores de nuestro presidente.
Solo podemos mencionar que “una cosa es con guitarra y otra con cajón”.
Es cierto también que en nuestro país la vocación de renuncia no está muy difundida, aferrarse al cargo es más cotidiano.


