Es cierto que puede ser discutible la forma, pero el fondo del asunto nadie quiere dar una mirada y menos una opinión.
Choferes de Lima, desde el 25 de setiembre tienen carta libre para manejar a la velocidad que le dé la gana.
Atropellos, muertes, inválidos, destrucción de la propiedad ajena, ciudadanos dejados en abandono, niños huérfanos, madres desamparadas y tanta lacra que trae los accidentes de tránsito por la indignante negligencia de choferes que toman las calles de Lima para hacer de ellas sus propias carreteras.
Toda exageración es indeseable, los extremos crean caos.



Yo no defiendo a los transportistas públicos, si de mi dependiera ordenaría la castración química. Lo que está mal es que en nombre de las víctimas y sus deudos se robe descaradamente no sólo a los choferes de transporte público sino también a nosotros quienes tenemos un auto o camioneta particular. Peor aún, todo ese dinero va a una «repartija»: municipalidades, policía y ministerios. Ahora ese dinero no se nos va a devolver, ya se «tiraron la plata».