Accidentes en carretera, no son eventos aislados, son la consecuencia de la cultura del desprecio por las reglas de tránsito.
Tan solo con detenernos en cualquier esquina de Lima, frente a una comisaría, frente a una entidad pública o simplemente frente a nuestra casa, podremos observar de manera simple y objetiva, como se transgrede las mas elementales normas de transito.
Estacionamiento, velocidad, respeto al peatón, pase preferente, líneas blancas y negras al final de la calzada, dejar y recoger pasajeros, respeto por el semáforo, obediencia al alto del policía de transito, toque de bocinas, y muchas mas que se nos escapan al análisis del momento.
Es así como vemos en cualquier punto de la ciudad y del país el comportamiento del transito vehicular, el chofer no tiene la voluntad y muchas veces ni el conocimiento de las reglas a respetar.
Hace algunos años en la revista caretas se hacia un mención a la cultura combi, ahora debemos aceptar la cultura taxi cholo o mototaxi, van por donde quieran, cruzan donde les parece, se pasan el semáforo de acuerdo a su criterio, cargan todos los pasajeros que pueden, a la vista y paciencia de la policía que tal vez se cansó de perseguirlos e invitarlos a cumplir la norma.
Esos mismos choferes, al paso de los años logran sacar brevete de automóvil, de transporte público y por último de camión.
Luego de tal evolución, como podemos pedir que las carreteras y las ciudades no se tiñan de sangre, si tenemos choferes que crecieron entre la coima, la falta de respeto por los demás y el hartazgo de la policía y la ciudadanía por corregirlos


