Daniel Porudominsky Gabel (*)
Eran las 10.30 pm del domingo 6 de marzo, Isabel no paraba de llamar al celular de Ryana, su hija, una chica muy buena que era muy responsable y que este fin de semana como otros salió en su carro de la casa de sus padres en el sur por el Km. 100 a Lima, pero esta noche el silencio del teléfono alteraba la tranquilidad. Andrés, su padre, una persona que había logrado grandes éxitos económicos, sentía que lo que lo rodeaba, su casa al mar con piscina, sus carros, y joyas, no representaban nada ante la preocupación que en ese momento lo embargaba. “No te preocupes mi amor, seguro ya está en Lima y se le descargó el celular y fue primero a comer algo en la calle, por eso no ha llamado todavía”, dijo Andrés para tranquilizar a su esposa, aunque él sabía que su hija no era así, estaba desesperado, quería salir a buscarla, pero a dónde iba a ir, no sabía qué hacer… pasaban los minutos y a las 11:25 p.m sonó el celular de Isabel, quien contestó: “Aló, aló, Ryana, mi amor cómo estás?”. Una voz le contesto: “Señora, su hija ha tenido un accidente y la han traído acá al hospital del sur, ya la operaron y está estable, ahora está en recuperación, he marcado el último número recibido, ¿son ustedes un familiar cercano? La madre gritó y se puso a llorar, el padre le quitó el teléfono y dijo: “Es mi hija ¿Está bien? ¿Con quién hablo?”. Soy el doctor Liñán, su hija ya está en recuperación en el hospital del sur”. Eso fue suficiente para que Andrés saliera volando al carro acompañado de su esposa, él se acordaba de ese hospital porque solicitaron su apoyo y su compañía donó el quirófano completo con los equipos más modernos del país. Él jamás se imaginó que iba a volver después de la inauguración y que esos equipos iban a salvar la vida de su única hija.
La Biblia, nos enseña un valor en la vestimenta, para la mayoría de personas la ropa representa una forma de cubrir su desnudez, para otros es el camino para que el alma se revele al mundo físico. La pureza de nuestras almas purificarán las costumbres de nuestras vidas que se verán reflejadas en nuestras ropas. Por ello toda persona tiene la obligación de prestar atención a lo que viste, y cómo lo viste. Pero cuidado, la ropa para algunos sirve de disfraz y así engañan a la gente.
Nuestros candidatos, dan pocas propuestas porque desconocen la realidad en salud, seguro que han sufrido en algún momento una situación que los apremie, pero cuántos de ellos han llegado a emergencia y han solicitado que salven sus vidas en un servicio público… Cómo van a saber, que a los pacientes los obligan a realizar pagos indebidos, condicionamientos monetarios para recibir atención médica, retenciones arbitrarias dentro de un hospital por falta de pago, atenciones a destiempo, hasta retención de cadáveres por no pagar (esto sí lo conoce, la gente de a pie).
El problema es que el Estado a lo largo de la historia nunca tomó en serio al asegurado y no solo no pagaba sus obligaciones, sino que encima utilizó su liquidez e inmuebles para otros fines. Tomemos el estudio hecho en Latinoamérica, por OMS en el 2005 el gasto en salud pública y privada como porcentaje del PBI fue de 10,2% (1,529 dólares) Argentina, 8.1% Uruguay, 7,9% Brasil, 6,4% ($ 725 dólares) México, 6.2% Haití a pesar de su pobreza, 5,4% Chile a pesar de estar mejor, 4,5% Perú. Lo peor es que no es un problema de riqueza del país, es un problema de inversión en salud, ejemplo México, Perú o Venezuela. Nuestros líderes se visten con ropas de preocupación, de dolor, de amor, pero no se les escucha sus propuestas, tenemos que esperar que suceda, Dios no quiera, una tragedia personal. Papás, mamás, hermanos, hijos que esperan. En el sur hay lo más sofisticado para todo tipo de necesidad, menos un hospital de última generación. No es un problema de dinero. ¿Qué sucede? Cuándo tomarán cartas en el asunto, los candidatos a presidentes, congresistas, etc. (eso sí, no se disfracen y prometan que van a ayudar a los viejitos para después…). Nosotros, el pueblo queremos escuchar sus propuestas, de vida, no de muerte o indiferencia al tema. ¡HÁBLENNOS, POR FAVOR… queremos escuchar! Que Dios nos guíe en el camino al éxito.
PD: Agradezco al Dr. William Ludeña por su apoyo para realizar este artículo.
(*) Analista
Apreciamos sus opiniones hbhdaniel@gmail.com



