Casos como este deben ponernos en alerta, por los negociantes que se enquistan dentro de los hospitales. No nos interesa el escándalo, ni el escarnio de los imprudentes. Nosotros proponemos educar al paciente, para que defienda sus derechos y de esa manera y de inmediato, ponga las cosas en su lugar. La vergüenza del infractor puede ser una buena cura.
